Ya conoces a Nano Banana por su habilidad viral para editar imágenes. Pero, ¿cómo terminó uno de los modelos más populares de Google DeepMind con un nombre tan inesperado? La historia mezcla un apodo personal, una decisión tomada a última hora y un poco de humor que se convirtió en marca.
De un apodo a un nombre público
En julio, el equipo preparaba la primera versión del modelo para su lanzamiento: Gemini 2.5 Flash Image. Todo iba bien hasta que faltó un detalle curioso pero importante: un nombre público para usar en LMArena. ¿Por qué era necesario? Porque los equipos suelen subir versiones en desarrollo a esa plataforma para obtener retroalimentación humana sin revelar la identidad técnica.
La conversación sobre el nombre se dejó para el final. A las 2:30 a.m., en plena carrera contra el reloj, alguien sugirió enviar algo gracioso. Naina Raisinghani, product manager, propuso Nano Banana: una mezcla de dos de sus apodos personales - Naina Banana y Nano - y además encajaba con la familia Flash del modelo. Fue una decisión espontánea, casi improvisada, que terminó calando.
¿Qué es LMArena y por qué importaba un codename?
LMArena es una plataforma pública que compara modelos mediante votación humana anónima. Un usuario envía un prompt y recibe respuestas de dos modelos sin saber cuáles son. Tras votar, la plataforma revela las identidades. Para modelos en desarrollo, usar un codename evita exponer detalles técnicos prematuramente y permite recopilar señales reales de rendimiento.
Eso hizo que el nombre no fuera solo una etiqueta: fue la cara pública del modelo mientras se probaba en condiciones reales. Y Nano Banana llegó a LMArena justo antes de explotar en visibilidad.
Viralidad por capacidades y por humor
La combinación fue perfecta. El modelo sorprendió por su capacidad de editar manteniendo la semejanza de personas, unir varias imágenes con coherencia y generar texto legible dentro de imágenes. Esa potencia técnica ya habría generado ruido, pero el nombre aportó el factor cultural.
Los usuarios no solo compartían los resultados por su calidad; también compartían la historia del nombre. ¿Quién se resiste a un nombre simpático que además viene acompañado de resultados impecables? Las tendencias culturales ayudaron: figurines virales que comenzaron en Tailandia o la tendencia del saree en India se difundieron rápidamente, gracias a que el modelo estuvo disponible globalmente desde el primer día.
Branding que nació de la broma y se quedó
Aunque el nombre técnico siguió siendo Gemini 2.5 Flash Image, el apodo Nano Banana se quedó. El equipo aprovechó la ocasión: el botón de 'run' en AI Studio se volvió amarillo, en la app de Gemini apareció un chip de 'Create image' con emoji de banana, y hasta hicieron merch temático. Con el lanzamiento de Gemini 3 Pro Image, el nombre evolucionó naturalmente a Nano Banana Pro.
Nos reímos con la tontería y al final la banana terminó siendo parte de la identidad del equipo.
Ese humor no restó seriedad al producto. Al contrario: humanizó la tecnología y generó una conexión inmediata con usuarios de todo tipo, desde creativos hasta desarrolladores y consumidores casuales.
¿Qué lecciones deja esta anécdota?
Los nombres importan. No solo como etiqueta técnica, sino como puente cultural entre la tecnología y las personas. Una decisión espontánea, tomada a las 2:30 a.m., ayudó a que un modelo potente se volviera reconocible y fácil de recordar.
También hay otra lección práctica: facilitar acceso universal desde el día uno acelera la adopción. Nano Banana se benefició de estar disponible en todos los países y para distintos perfiles de usuario al mismo tiempo. Eso, combinado con resultados sobresalientes, es la receta para viralidad sostenida.
¿Te imaginas nombrando tu próximo proyecto con el mismo espíritu? A veces el mejor nombre nace de una mezcla personal y un poco de humor.